Turismo RD rompe récords: ¿SDE ve un peso de DATE 2026?
La gente de Los Mina y de Invivienda se pregunta con la frente arrugada: ¿de qué nos sirve que el turismo en RD esté rompiendo todos los récords si aquí los bolsillos siguen más secos que una sábana en agosto? La realidad del barrio no cuadra con los números que tiran.
El Dominican Annual Tourism Exchange, DATE 2026, cerró en Abril con cifras que marean a cualquiera. Hablan de un éxito rotundo, de un motor económico que no para, que impulsa a la República Dominicana.
Pero en Santo Domingo Este, desde la Charles de Gaulle hasta la Carretera Mella, lo que se siente es la presión. La vida se pone cada vez más cara, y el turismo parece una fiesta de lujo a la que los del barrio no fuimos invitados.
Desde hace rato, se supo de buena fuente que el sector turismo del país va como un cohete sin freno. Los hoteles llenos, los vuelos llegando uno tras otro, la playa a tope con visitantes de todas partes.
El gobierno y los empresarios no se cansan de tirar cifras de crecimiento por todos lados. Dicen que esta es la locomotora de la economía dominicana, la que nos saca del hoyo y nos pone en el mapa mundial de los destinos turísticos.
Prometen empleos, divisas y un futuro brillante para todos. Pero en el día a día de SDE, esas promesas a veces suenan a cuento de camino, mientras la lucha por el pan de cada día se pone más dura y los precios no paran de subir.
El DATE 2026, que es la feria turística más grande del país, terminó en Abril con números impresionantes para el sector. Más de 8,000 citas de negocios se concretaron entre compradores y suplidores.
Veinte países se sentaron a negociar, buscando invertir y traer más turistas a nuestra tierra caribeña. Eso se traduce en millones y millones de dólares que se supone entran al país, fortaleciendo la economía nacional.
Pero la pregunta clave que se hace la gente trabajadora es: ¿cuánto de ese dinero aterriza en el bolsillo de un trabajador de Invivienda? ¿Cuánto impacta un pequeño negocio de Ensanche Ozama? ¿O en una parada de carros públicos en la Av. Venezuela, donde cada día es una batalla?
Mientras los ejecutivos cerraban tratos importantes en salones con aire acondicionado en Punta Cana, aquí en SDE, el calor de abril nos tiene sudando la gota gorda desde que sale el sol. El abanico no da abasto, y la luz se va cuando menos lo esperas.
El ruido constante de los motores, los carros públicos echando gasoil a cada rato y las bocinas es el soundtrack inconfundible de cada día en Los Mina. La guagua va llena, el tapón eterno en la Mella no perdona a nadie.
En el colmado de la Entrada de las Palmas, la gente sigue con la calculadora en la mano. Cada peso cuenta, cada centavo se estira para ver si alcanza para la comida, la luz, o el pasaje. La brega en el barrio es más real que nunca.
La gente de Invivienda y Los Mina no entiende cómo el país puede estar tan bien en turismo y ellos tan apretados. La contradicción golpea directo en la mesa de cada familia, que ve cómo la comida rinde menos.
¿De qué nos sirve tanto "dinamismo" si los precios del pollo y los materiales de construcción siguen por las nubes, como reportamos en El Farol al Día el mes pasado? El costo de vida no perdona y el salario no estira.
¿Este crecimiento turístico se traduce en empleos dignos aquí en SDE, o solo crea más presión en los alquileres y la canasta básica? Los alquileres siguen disparados en Sabana Perdida y Villa Mella, haciendo imposible el sueño de una vivienda propia.
"Aquí lo que se ve es el humo, no la carne", nos dijo Doña Ana, desde su casita en Sabana Larga, mientras batía un café. "Ellos hacen sus negocios allá, en sus hoteles de lujo, y nosotros aquí seguimos bregando para la comida, la escuela de los muchachos y los apagones".
Otro vecino de Los Trinitarios, que prefiere no dar su nombre por temor a represalias, agregó con desilusión: "¿Capital humano? ¿Eso se come? Necesitamos trabajos, no palabras bonitas. Nos hablan de fortalecer el sector, pero a nosotros nadie nos fortalece el salario, ni nos da una oportunidad real".
Se armó el avispero en la esquina cuando un motorista de la Av. Venezuela comentó: "Más bien parece que el turismo nos sube el costo de vida. Más demanda, más precios para todo. Sin darnos nada a cambio directo, solo la esperanza. La gente está en grito por los apagones y la falta de agua, no por las citas de negocios en un resort".
El comunicado oficial sobre el DATE 2026 habla de la necesidad de "entender al visitante, diversificar la oferta y fortalecer el capital humano". Suena bonito en el papel, suena a estrategia de primer mundo, de un país que avanza.
Pero en la República Dominicana, ese fortalecimiento del capital humano a menudo no llega a los barrios que más lo necesitan, como Los Trinitarios o Villa Mella. Se quedan en discursos de reuniones importantes, lejos de la realidad de la calle.
La realidad es que la gente necesita capacitación real, oportunidades de empleo directo que el turismo genera, pero que no aterrizan en su comunidad. Necesitamos que las empresas turísticas miren más allá de los hoteles de lujo y piensen en el impacto social.
¿Dónde están los programas para que los jóvenes de Charles de Gaulle se preparen para esos trabajos que se supone crea el turismo? ¿Cómo se conectan las necesidades del sector con la mano de obra disponible en Santo Domingo Este, que tiene tanto potencial?
El Farol al Día seguirá con los ojos abiertos, vigilando de cerca cada promesa y cada cifra. ¿Cuándo veremos que ese boom turístico se sienta de verdad en Santo Domingo Este, en cada esquina, en cada hogar? ¿Cuándo el progreso se reparte de forma justa y equitativa?
¿Cuándo ese "fortalecimiento del capital humano" se traduce en un mejor futuro, en oportunidades tangibles y bien pagadas para los jóvenes de Invivienda y las familias de Ensanche Ozama? La paciencia del pueblo se agota, y la olla a presión empieza a sonar.
La gente está en grito y exige respuestas claras de sus autoridades y de los empresarios, no más promesas vacías que se las lleva el