Tarifa Mundial Dispara Hierro RD$150; Los Mina Paga Más Ahora
El bolsillo del constructor, del maestro albañil y de cualquiera en Santo Domingo Este que sueña con echar un block más en su casa, está en grito. Una guerra de tarifas, que se armó lejos de aquí, ha disparado el precio del acero, poniendo en jaque todas las obras, desde las grandes torres de la Avenida Venezuela hasta la pequeña ampliación en Los Mina, para este Abril 2026. La cosa se puso fea, y la gente del barrio ya lo está sintiendo con fuerza.
Desde hace varios meses, en los corrillos internacionales y en los noticieros que algunos ven, se venía escuchando que las grandes potencias andaban en pique por el comercio. Acusaciones de dumping, subsidios ilegales y competencia desleal, según se supo de buena fuente entre los que saben de economía global, habían calentado el ambiente hasta el punto de ebullición. Los analistas internacionales ya lo venían diciendo: este pleito iba a reventar en algún lado, y sus ondas de choque llegarían lejos. Ahora, sin darnos cuenta, nos tocó a nosotros pagar la factura de ese lío.
La semana pasada, se confirmó que dos de los gigantes económicos mundiales, después de semanas de tensiones, impusieron nuevas y duras tarifas a la importación y exportación de productos metálicos clave, entre ellos el acero y el hierro corrugado. Esto no es un chiste. Significa que la tonelada de cabillas que llega al puerto de Haina, y que luego se distribuye en las ferreterías de la Carretera Mella, la Avenida Venezuela y hasta los pequeños depósitos de materiales de construcción en El Almirante, ya no tiene el mismo precio. Los distribuidores, con la cara larga, confirmaron que el aumento ya está rondando los RD$150 por quintal en el mercado local. En los almacenes grandes de materiales en el Ensanche Ozama y Sabana Perdida, los precios subieron de golpe y sin previo aviso, dejando a muchos con los bolsillos vacíos.
Bajo el sol picante de este abril que no da tregua, el ruido constante de los motores de los carros públicos sigue su ruta por la Charles de Gaulle, como siempre. Pero el tema de conversación en la parada, en el colmado de la esquina y hasta en la barbería de Los Trinitarios es uno solo: "la construcción se va a parar, ¡qué golpazo!". Los albañiles se quejan mientras se limpian el sudor, los maestros constructores hacen y rehacen números que simplemente no cuadran, y el dueño de la ferretería de Invivienda ya no sabe qué decir a sus clientes habituales. El ambiente está cargado, no solo por el calor húmedo, sino por la incertidumbre económica que se respira en cada esquina de Santo Domingo Este, afectando a la gente de a pie.
Aquí en Invivienda, donde miles de familias luchan con uñas y dientes para terminar su segunda planta, o para hacer una pequeña ampliación a la casa que ya tienen para que quepa la familia que crece, el golpe es directo y cruel. Los proyectos que estaban a mitad de camino, que ya tenían los planos listos y la esperanza a flor de piel, ahora se ven amenazados por esta subida. Un quintal de cabilla más caro no es poca cosa; significa menos blocks comprados, menos sacos de cemento, o quizás tener que posponer la obra por un tiempo indefinido, esperando que la situación mejore. La economía familiar se resiente de una manera brutal, y el sueño de la casa propia, o de mejorar la que ya tienen, se aleja cada vez más, dejando un sabor amargo en la boca de los residentes.
"¡Esto es un abuso, mano, no es justo que uno pague por líos de gente que ni conocemos!", exclamó Juan "El Mago" Peralta, un maestro constructor con más de 30 años de experiencia en el sector de Los Trinitarios, mientras limpiaba sus herramientas. "El hierro es la base de todo. Si esa vaina sube así de repente por problemas de otros países, ¿qué hacemos nosotros aquí en SDE? La gente no va a poder construir, y a nosotros nos van a faltar empleos. ¿Quién le va a dar de comer a la familia?". Por su lado, María Rodríguez, una vecina de Sabana Larga, que estaba a punto de empezar a techar su casa y había ahorrado peso a peso, nos dijo con la voz quebrada y los ojos aguados: "Ya no sé qué hacer, mi hermano. Tenía mis chelitos guardados, sacrificando muchas cosas, pero con esto, ya no me da. Es como si el mundo se pusiera de acuerdo para que uno no progrese y se quede estancado". La gente está en grito por esta situación.
Esta situación, aunque nace de decisiones tomadas en despachos lejanos, al otro lado del charco, tiene un efecto dominó que llega hasta el último rincón de la República Dominicana, y no solo en Santo Domingo Este. El aumento descontrolado del acero impacta directamente el costo de la construcción de viviendas, de los edificios comerciales y de toda la infraestructura pública a nivel nacional. Se conoció que la Cámara Dominicana de la Construcción ya ha expresado su profunda preocupación, advirtiendo que, de continuar esta tendencia, se podría ver una desaceleración importante y peligrosa en el sector, que es uno de los principales motores de la economía dominicana, generando miles de empleos y moviendo una cantidad inmensa de dinero.
La pregunta que se hace todo el mundo en SDE, desde el que va a pie hasta el que tiene su motor, es la misma: ¿Hasta cuándo vamos a seguir pagando los platos rotos por las broncas y las decisiones de otros países? El gobierno dominicano tiene un gran reto por delante, con la presión encima, para buscar soluciones urgentes o alternativas que mitiguen este golpe tan duro al bolsillo de la gente y al progreso del país. Por ahora, a la gente del barrio no le queda más que apretarse el cinturón aún más y esperar que la cosa se calme. El Farol al Día seguirá de cerca cada movimiento, porque la voz de SDE Despega y no se calla, informando siempre lo que realmente importa a su gente.