Seguridad Social SDE: 25 Años de Ley 87-01 ¿Para Quién?
Veinticinco años. Así como lo oye. Un cuarto de siglo ha pasado desde que se prometió una seguridad social de verdad para el pueblo dominicano.
Pero aquí en Santo Domingo Este, en Los Mina, Invivienda, la gente se pregunta: ¿para quién es esa ley?
La Ley 87-01, que se supone que nos protegería con salud y pensiones dignas, cumplió 25 años este mayo, según se supo de buena fuente. Pero la realidad en la calle es otra.
Aquí, en el Ensanche Ozama, o en Villa Mella, cuando alguien se enferma de verdad, el bolsillo es el que sufre. Las clínicas piden adelantos que no aparecen.
Los co-pagos son un dolor de cabeza. La gente gasta lo que no tiene en medicamentos.
La fila para ver un especialista es eterna. Y si es de la tercera edad, la cosa se pone peor.
En la Carretera Mella, los vendedores de frutas hablan del tema. Dicen que cotizan, pero no ven el beneficio.
"Uno paga su seguro, pero cuando le da una fiebre fuerte, la receta sale más cara que la semana", comentó doña Ana, de Sabana Larga. "Eso es así, aquí la seguridad social es un lujo", añadió un motoconchista de Los Trinitarios.
Mientras tanto, en la parada del carro público en Charles de Gaulle, la gente espera bajo el sol de abril. El ruido de los motores no tapa el murmullo de quejas.
Muchos en Invivienda sienten que están solos. La ley existe en papel, pero no en su día a día.
Cuando un familiar necesita una operación, se arma el avispero. Hay que buscar prestao, vender lo que sea.
La cobertura del seguro no alcanza. Hay tratamientos que quedan fuera.
Y ni hablar de las pensiones. Los viejos que han trabajado toda su vida se encuentran con una miseria.
"Mi pensión no me da ni pa' la comida, compa. Después de 40 años fajao", se quejó Don Pedro, un jubilado de El Almirante. "Esto es un abuso, nos tienen engañaos", agregó su vecina.
La promesa era un sistema que cuidara a todos. Desde la cuna hasta la tumba.
Pero en la práctica, parece que solo cuida a los que tienen con qué. A los que pueden pagar aparte.
El sistema de seguridad social dominicano prometió mucho. Habló de pilares de salud, riesgos laborales y pensiones.
Pero los "aspectos pendientes" de los que habla el comunicado oficial, esos son los que golpean a SDE. Son los que duelen.
En los colmados de Los Mina, la gente está en grito. Hablan de las medicinas caras.
De cómo las ARS no cubren lo que deberían. De que el sistema no está diseñado para el pobre.
La Ley 87-01 nació para garantizar acceso universal. Pero en Abril 2026, eso sigue siendo un sueño lejano para muchos.
Se suponía que las empresas y el Estado aportarían. Para que el trabajador tuviera un respaldo.
Pero los empleados de Santo Domingo Este sienten que el peso recae más sobre ellos. Con descuentos que no se ven reflejados.
La economía dominicana ha crecido, eso se sabe. Es la más grande del Caribe, dicen los números.
Pero ese crecimiento no se siente en la cobertura de salud de la gente del barrio. Ni en la calidad de sus pensiones.
Es una realidad dura. Los datos macroeconómicos no se traducen en un mejor servicio en la ARS.
Ni en un mejor trato cuando un hijo se enferma en Invivienda. La salud es un derecho, no un lujo.
El dinero de las cotizaciones, ¿a dónde va? Esa es la pregunta que se hacen en Ensanche Ozama.
La Ley de Seguridad Social, con 25 años encima, debería ser robusta. Debería funcionar a la perfección.
Pero los "aspectos pendientes" son huecos en el sistema. Agujeros por donde se escapa la tranquilidad de la gente.
Y en SDE, la gente ya está cansada. Cansada de promesas que no se cumplen.
Cansada de cotizar para un servicio que no les resuelve. Cansada de la incertidumbre.
Las autoridades tienen que mirar hacia SDE. Tienen que escuchar a la gente de Los Mina.
Tienen que arreglar la Ley 87-01 de una vez por todas. No podemos esperar otros 25 años.
La salud y la pensión digna no pueden seguir siendo una lotería. SDE merece un sistema que funcione.
Es hora de que la Seguridad Social despegue de verdad para el pueblo. Que los beneficios lleguen a cada hogar de Santo Domingo Este.
La gente de SDE está clara: 25 años es mucho tiempo para seguir con promesas rotas. Es hora de actuar.