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Economía

SDE: ¿Ayuda a niños de Venezuela impacta economía Los Mina abril 2026?

📅 3 de julio de 2026
✍️ Ana María Castillo
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Economía dominicana SDE: ¿Ayuda a niños de Venezuela im - El Farol al Día
Economía dominicana SDE: ¿Ayuda a niños de Venezuela im - El Farol al Día — El Farol al Día
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La noticia cayó como balde de agua fría en Los Mina y todo Santo Domingo Este. Mientras aquí lidiamos con el día a día, Unicef soltó el número que dejó a más de uno con el ojo cuadrao: 680,000 niños en Venezuela están en la lona, buscando asistencia urgente después de los terremotos. La tragedia de los vecinos, aunque lejos, nos toca la puerta en este abril de 2026. En las esquinas, en los salones de belleza y hasta en la guagua, la gente no deja de comentar sobre el drama que se vive al sur, preguntándose cómo una desgracia así puede afectar la economía de nuestro barrio y la conciencia de nuestra gente. Es un golpe directo a la fibra sensible de la solidaridad dominicana, que siempre ha estado presente en momentos de calamidad internacional, pero que ahora se topa con la realidad de un bolsillo apretado aquí mismo en SDE.

No es la primera vez que Venezuela atraviesa un trance de este calibre. Ya se sabe de la situación económica y social que arrastran desde hace años, una crisis que ha llevado a miles de sus ciudadanos a buscar refugio en República Dominicana, muchos de ellos echando raíces en sectores como Invivienda y el Ensanche Ozama. Pero esto de los terremotos, hace apenas ocho días, vino a ponerle la tapa al pomo de una olla a presión que ya estaba hirviendo. Más de 2,200 muertos y 11,267 heridos, una barbaridad de cifras que duele solo con leerlas. La cosa está fea de verdad, y aunque estemos en nuestro propio lío con los precios de la comida y la luz, la magnitud de esta catástrofe nos obliga a mirar hacia afuera y pensar en esos niños que lo han perdido todo. La pregunta que flota en el aire es si SDE puede y debe involucrarse más allá de la lástima, si nuestra economía local puede soportar un llamado a la acción.

Sendai Zena, la portavoz de Unicef para América Latina, fue quien confirmó el dato a EFE, dejando claro el tamaño del hoyo. Hablamos de casi un millón de muchachitos que, de un día para otro, no tienen ni qué ponerse, ni dónde dormir, ni qué llevarse a la boca. Aquí, en la Carretera Mella, la gente en los colmados no habla de otra cosa. Se preguntan qué se puede hacer, cómo apoyar desde el patio sin desatender las propias necesidades que nos ahogan. Los comerciantes de Los Mina, por ejemplo, que ya batallan con la inflación, están sopesando si una campaña de recolección de fondos o alimentos sería viable, entendiendo que cada peso que sale de la comunidad tiene un impacto directo en el flujo de su propio comercio. La solidaridad tiene un costo, y en un contexto de economía frágil, esa ecuación se vuelve compleja.

Con el calor de abril pegando fuerte, un calor que te tumba, y el ruido incesante de los motores en la Avenida Venezuela que no para ni de noche, la gente en la parada del carro público se lo comenta en voz baja. El dolor de esa gente en Venezuela es un eco que llega hasta Invivienda y el Ensanche Ozama, mezclándose con las preocupaciones diarias de la gasolina cara y el sueldo que no da para todo. Es un golpe bajo que nos recuerda lo frágil que es todo, que de un momento a otro, la vida te puede cambiar y dejarte sin nada. Las familias de Charles de Gaulle, muchas de ellas con parientes venezolanos, sienten la angustia en carne propia. La preocupación por el destino de esos niños se convierte en una conversación recurrente en los patios y en los salones de belleza, donde las mujeres comparten sus miedos y sus esperanzas.

Aunque la tragedia es lejos, el bolsillo y el corazón de la gente de Invivienda sienten el impacto de esta noticia. Muchos dominicanos tienen familiares allá o conocen a alguien que llegó huyendo de la crisis venezolana y ahora vive aquí, en Sabana Perdida o Villa Mella. La solidaridad no se compra en el mercado, y ver la situación de esos niños aprieta el pecho de cualquiera que tenga un mínimo de humanidad. ¿Cómo afecta esto la economía de SDE? Pues mire, cada vez que hay una crisis así, la gente se aprieta un poco más el cinturón, pensando en que mañana puede ser uno, y eso significa menos consumo, menos movimiento en los pequeños negocios. Si se organizan colectas o se envían remesas extraordinarias, ese dinero sale de la economía local, impactando directamente las ventas de los supermercados, colmados y hasta los puestos de frituras de la Entrada de las Palmas.

En el barrio se habla y se discute, con la pasión que nos caracteriza. "¡Eso es terrible, mi hijo! Uno ve esas imágenes de los niños y se le parte el alma. Si tuviera, diera hasta lo que no tengo", dijo Doña Carmen, una matriarca de Los Trinitarios, mientras compraba víveres en el mercadito. "Aquí uno siempre está dispuesto a dar una mano, aunque la situación no esté fácil y el chivo esté a peso. Hay que ayudar a los que menos tienen", comentó Pedro, un motoconchista de Charles de Gaulle, ajustándose la gorra. Se supo de buena fuente que varias iglesias y organizaciones comunitarias de Sabana Larga ya están viendo cómo organizar recolectas de alimentos no perecederos y ropa, aunque la logística de envío y el costo implican un reto económico considerable para la comunidad. Los residentes dicen que la ayuda debe llegar, pero también reconocen la presión que esto ejerce sobre los recursos de las familias de SDE.

Para República Dominicana, la situación de Venezuela no es ajena ni se ve como un simple titular. Hemos sido un refugio para muchos venezolanos que buscaron una nueva vida aquí, y la solidaridad siempre ha sido parte de nuestro ADN como nación. El gobierno dominicano, aunque con sus propias batallas económicas como la inflación galopante y la necesidad de mantener el crecimiento para que SDE Despega, siempre ha mantenido una postura de apoyo en crisis internacionales. La economía dominicana, que aunque muestra signos de fortaleza, también siente la presión de las necesidades internas y la inestabilidad regional. Esta situación en Venezuela plantea un desafío humanitario y también económico: ¿cuánto podemos extender la mano sin descuidar lo nuestro, sin que la

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