Precios Neveras SDE Disparados: Los Mina Sin Fresco Abril 2026
Se armó el avispero en Santo Domingo Este. Los precios de las neveras, estufas y hasta los celulares han despegado más alto que un cohete, dejando a la gente de Los Mina con la boca abierta y el bolsillo vacío en este Abril 2026.
Ahora mismo, comprar un electrodoméstico o reemplazar un celular viejo es un lujo que pocos pueden darse. La situación tiene a todos en SDE en alerta máxima.
En cada esquina, desde Invivienda hasta la Charles de Gaulle, el tema es el mismo: ¿cómo se vive con esta subida de precios que no perdona ni lo más básico del hogar?
Esto no es de ahora, la verdad. La gente ya venía apretá, con la soga al cuello, por el aumento constante de la canasta básica y la gasolina que no da tregua. La inflación nos tiene en un puño.
Primero fue el pollo, luego los materiales de construcción, y ahora, lo que se usa en el día a día para mantener la casa funcionando. Parece que no hay escape para el bolsillo del dominicano de a pie.
El costo de la vida en SDE se ha vuelto un dolor de cabeza constante para las familias. Las promesas de alivio económico se quedan en el aire para los vecinos de Invivienda y Ensanche Ozama, quienes sienten el golpe más duro.
La economía familiar está siendo exprimida al máximo. Cada centavo cuenta, y estas subidas hacen que el sueldo no rinda para nada.
Según datos recopilados por El Farol al Día, directamente de distribuidores en la populosa Carretera Mella, los precios de neveras y lavadoras han subido hasta un 40% en los últimos seis meses. Esto es un disparate.
Un celular gama media, que hace poco costaba RD$8,000, ahora ronda los RD$11,000 o más. Para muchos jóvenes de Los Trinitarios, ese teléfono es su herramienta de estudio y comunicación.
En las concurridas tiendas de la Avenida Venezuela, la situación es similar. Los comerciantes están viendo cómo la gente mira los aparatos, pregunta los precios, pero al final, se van con las manos vacías. La rotación de inventario está por el piso.
Un televisor de 32 pulgadas, que antes era casi una necesidad básica para el entretenimiento familiar, hoy parece un artículo de lujo inalcanzable. Los modelos más económicos desaparecen rápido o suben de precio sin previo aviso.
Esto es un golpe duro para quienes dependen de estos aparatos para trabajar, para el estudio de los muchachos o simplemente para mantener su hogar con un mínimo de dignidad. La tecnología que antes facilitaba la vida, ahora la complica más.
Con este calor de abril que nos sofoca, una nevera es más que un lujo, es una necesidad vital para conservar los alimentos. Se daña la nevera vieja y la comida se pierde, causando un doble gasto.
Es un dilema diario para muchos hogares en Villa Mella y Sabana Perdida. ¿Se arregla lo que se tiene, o se ahorra para comprar algo nuevo que sube de precio cada semana?
En la parada del carro público en la Entrada de las Palmas, la gente no habla de otra cosa. El ruido de los motores no logra tapar el lamento de quienes no pueden darse el lujo de una reparación, mucho menos de una compra nueva.
En el colmado de la esquina en Sabana Larga, los dueños están preocupados. Menos electrodomésticos significa menos comodidad en casa, y eso se siente en el ánimo general del barrio. La gente está desanimada.
En Invivienda, la gente está en grito por esta situación. Doña Carmen, una madre soltera que vive en uno de los bloques, nos contó que su nevera se dañó hace un mes y no ha podido comprar otra.
"La comida se me daña a cada rato, tengo que comprar al día y gastar más. Mis hijos no pueden tomar jugo frío", dijo doña Carmen con la voz quebrada. "Es una vergüenza".
Los estudiantes de Los Trinitarios que necesitan un celular para las tareas escolares, para investigar o para comunicarse con sus profesores, se ven seriamente afectados. Si el que tienen se daña, es casi imposible reponerlo.
Esto impacta directamente la calidad de vida de nuestras comunidades. No solo es el gasto inicial, sino el costo de no tener estos aparatos básicos funcionando. El ahorro familiar se va por el drenaje.
Muchos negocios pequeños en la Charles de Gaulle que dependen de equipos tecnológicos o de refrigeración, como colmados y cafeterías, están contra la espada y la pared. La inversión para renovar es muy alta para ellos.
"Esto es un abuso, de verdad", nos dice Pedro, un motorista que trabaja en El Almirante. "Uno trabaja el día entero bajo el sol para que la cosa suba y suba sin parar. ¿Hasta cuándo va a ser esto?"
María, ama de casa en Sabana Perdida, con lágrimas en los ojos, nos confesó: "Mi estufa de gas se dañó. Ahora tengo que cocinar con leña o carbón en el patio, como en los viejos tiempos. No hay cuarto para una nueva, ni para arreglar la vieja."
Un vendedor de una de las tiendas de electrodomésticos en la Carretera Mella, que prefiere no dar su nombre por temor a represalias, comentó: "La gente viene, pregunta el precio, y cuando se lo doy, se van con la cabeza agachada. Esto no es normal, las ventas están muertas."
Según los vecinos de varios sectores de SDE, la desesperación es palpable en el ambiente. "Cada vez que salimos a la calle, una cosa nueva está más cara", fue el sentir general que trascendió en la comunidad.
La gente se siente abandonada, sin respuestas claras de las autoridades. La vida se hace cada día más cuesta arriba para el dominicano trabajador.
A nivel nacional, se conoció que este aumento descontrolado se debe a una combinación compleja de factores globales. La escasez de semiconductores sigue siendo un problema grave, afectando la fabricación de muchos aparatos.
Además, los costos de transporte marítimo internacional han experimentado un alza significativa. Esto encarece la importación de productos desde Asia y otros continentes.
La devaluación del peso dominicano frente al dólar estadounidense también está haciendo estragos. Comprar en dólares para vender en pesos, con un tipo de cambio inestable, es una ruina para los importadores.
Expertos económicos de la UASD, consultados por este medio, apuntan a que las cadenas de suministro globales todavía no se recuperan del todo de las crisis pasadas. Esto, sumado a una demanda constante, crea la