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Plan Seguridad SDE: Motoconchos en Grillo, Los Mina en Pie

📅 11 de mayo de 2026
✍️ Carlos Méndez
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Noticias Plan Seguridad SDE: Motoconchos en Grill Santo Domingo Este - El Farol al Día
Noticias Plan Seguridad SDE: Motoconchos en Grill Santo Domingo Este - El Farol al Día — El Farol al Día
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El barrio se prendió en fuego. Un nuevo plan de seguridad, el tal "Plan Centinela", tiene a los motoconchos de Santo Domingo Este con la soga al cuello. Desde Los Mina hasta Invivienda, la gente está en grito por las multas y el corredero que se ha armado en las calles.

Esta iniciativa gubernamental, lanzada con bombos y platillos, prometía devolver la paz. Pero lo que ha traído es una nueva ola de preocupación, especialmente para los que se ganan la vida honradamente sobre dos ruedas.

La delincuencia venía apretando. Los atracos en motor, los robos a pie de calle, eran el pan de cada día en cada esquina de SDE. La gente vivía con el Jesús en la boca, esperando que el gobierno hiciera algo contundente.

El clamor por mayor seguridad era unánime. Desde Sabana Larga hasta Villa Mella, los residentes exigían una respuesta firme a la ola de criminalidad que parecía no tener freno. El "Plan Centinela" fue la promesa de mano dura.

La idea era buena, la ejecución... otra historia. Se esperaba una limpieza de los verdaderos delincuentes, no una cacería de brujas contra los trabajadores.

Según se supo de buena fuente en el Palacio Nacional, el "Plan Centinela" arrancó a principios de abril de 2026. Consiste en patrullajes intensivos, retenes sorpresa y, supuestamente, la identificación de motoconchos "sospechosos".

Pero la realidad en la Charles de Gaulle y la Carretera Mella es que se están llevando a todo el mundo. Sin mucha distinción, solo por andar en motor.

Los agentes, tanto de la Policía Nacional como de la Dirección General de Seguridad de Tránsito y Transporte Terrestre (DIGESETT), parecen tener carta blanca. Piden documentos hasta por el color de los aros del vehículo.

Cifras no oficiales, que corren de boca en boca por el barrio, hablan de más de 500 motores incautados solo en Santo Domingo Este en dos semanas. Una cantidad brutal que ha dejado a cientos de familias sin su sustento diario.

Las multas, además, superan los RD$3,000 por infracciones menores o, lo que es peor, inventadas. Un costo imposible de asumir para un motoconcho que a duras penas se busca entre 500 y 800 pesos al día.

El calor de abril pega fuerte, y el ruido de los motores que antes era parte del paisaje sonoro del barrio, ahora suena a persecución. A cada rato se escucha una sirena, un motor que arranca a escape, un grito de "¡lo cogieron!".

En cada esquina, la gente comenta la misma situación. En el colmado de la Entrada de las Palmas, la discusión es la misma, día y noche: "¿Esto es pa' protegernos o pa' joder a los que trabajan honrado?". La indignación es palpable.

La parada del carro público en la Av. Venezuela, antes llena de motoconchos buscando su día, ahora se ve más vacía. Los conductores tienen miedo a la "redada", a perder su herramienta de trabajo por cualquier pretexto.

Incluso los chiriperos y vendedores ambulantes de Ensanche Ozama se quejan. "Si no hay motoconchos, la gente no se mueve, y si la gente no se mueve, no compra", dice un vendedor de frituras. Es una cadena que afecta a todos.

Para la gente de Invivienda, esto es un golpe bajo directo al bolsillo. Muchas familias dependen del motoconcho para moverse. Para ir al trabajo, para llevar los muchachos a la escuela, para una emergencia al hospital más cercano.

Con menos motoconchos por el miedo a la incautación, el pasaje se encarece. Los que se atreven a seguir, suben el precio. O, simplemente, no hay quien los lleve, dejando a la gente a pie o a la merced de un transporte público ineficiente.

Los pequeños negocios también lo sienten con fuerza. Los deliveries se retrasan o se suspenden, afectando la venta de comida, repuestos o mercancía. La clientela se reduce si hay temor a salir por la calle o si el acceso se complica.

Es un efecto dominó que impacta la economía local. Menos ingresos para los motoconchos significa menos dinero circulando en las pulperías, en los salones de belleza, en las bancas de lotería de Sabana Perdida.

Juan "El Rápido", motoconcho de Los Trinitarios con 15 años en la ruta, lo dice claro y sin pelos en la lengua. "Yo trabajo honesto, pa' llevar el pan a mi casa. Aquí no hay lujos, es pa' la comida y la luz. Ahora me paran por cualquier vaina, me piden hasta el acta de nacimiento del motor".

Su motor fue incautado la semana pasada cerca de Villa Mella. Tuvo que pedir prestado para pagar la multa y los "servicios" para que se lo devolvieran. "Ya me han multado dos veces y el bolsillo no aguanta más, compadre. Esto es un abuso", agregó, con la cara de frustración.

María Pérez, ama de casa residente de Ensanche Ozama, también comparte su frustración. "Aquí la seguridad no mejora, es un disparate. Lo que hacen es acorralar al que se busca su vida. Los verdaderos delincuentes andan sueltos, haciendo de las suyas, y a esos no los tocan".

"Es más fácil irse con el motor de un pobre diablo que coger un punto de droga o una banda de atracadores. Esa es la verdad del barrio", sentenció un vecino de El Almirante, que prefirió no dar su nombre "para evitar problemas". La gente está cansada y en grito.

Esta situación no es exclusiva de Santo Domingo Este. En otras partes de República Dominicana, el "Plan Centinela" ha generado la misma controversia. Desde Santiago hasta La Romana, las quejas se multiplican por el mismo patrón.

La falta de un protocolo claro, la excesiva discrecionalidad de algunos agentes y la poca capacitación en derechos humanos han desvirtuado el propósito inicial del plan. En vez de generar confianza, está sembrando descontento.

Se está creando una brecha más grande entre la autoridad y el pueblo. Justo cuando se necesita más cooperación y confianza para combatir el crimen de verdad, el gobierno parece estar empujando a la gente al límite.

La percepción general es que el plan es más una medida de recaudación que de seguridad. Un impuesto más disfrazado, que golpea al más débil y al que ya está más apretado económicamente.

¿Qué viene ahora para SDE? La comunidad espera una revisión urgente del plan. Que se sienten a escuchar al barrio, a la gente que madruga y se faja para echar pa'lante a sus familias.

Necesitamos seguridad real, no un plan que castigue al inocente y le quite el sustento a la clase trabajadora. Que se enfoquen en los criminales, en los puntos de venta de droga, en las bandas que nos tienen azotados a diario.

El Farol al Día seguirá con los ojos puestos en cada esquina de SDE, porque el barrio tiene voz y debe ser escuchado. La lucha por un SDE seguro y justo es de todos. Comparte esta noticia si crees que tu voz también debe ser escuchada y que el "Plan Centinela" necesita un cambio.

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