Nuevo Mercado SDE: ¿Los Mina Paga Doble en Abastos para Abril 2026?
El flamante Gran Centro de Abastos de Santo Domingo Este, recién inaugurado con bombos y platillos, ya está dando de qué hablar. La gente de Los Mina, Invivienda y Charles de Gaulle siente que la cosa se puso fea de golpe. ¿Es este el progreso prometido o un nuevo golpe directo al bolsillo de la gente humilde?
Hace apenas un año, el gobierno, con gran fanfarria, anunció el "Gran Centro de Abastos SDE" como la solución a todos los males. La promesa era clara: ordenar el comercio, mejorar la higiene y, lo más importante, bajar los precios de los alimentos. Se hablaba de modernidad, de cómo “SDE Despega” con esta mega-obra.
Ubicado estratégicamente cerca de la Autopista de San Isidro, el proyecto implicó un movimiento masivo. Desplazó a cientos de pequeños comerciantes que por años tuvieron sus puestos en la Carretera Mella y la Avenida Venezuela. Nombres conocidos como "Doña Juana la de los víveres" de Los Trinitarios y "Don Ramón el de las carnes" de Sabana Larga, se vieron obligados a moverse a las nuevas instalaciones.
La inversión superó los RD$2,500 millones, una cifra que muchos ven como excesiva si al final no beneficia al pueblo. Los vendedores informales que por décadas levantaron sus chiripas en la Entrada de las Palmas también fueron reubicados. Ahora operan bajo nuevas reglas, con costos de alquiler y mantenimiento que no tenían antes.
Con el calor de abril pegando fuerte, el sonido de los motores y el bullicio de la parada de guaguas en la Avenida Venezuela es un constante recordatorio de la vida que se movió. En el colmado de la esquina en Ensanche Ozama, el tema de conversación es uno solo: "la comida va a subir más todavía". La preocupación se siente en cada esquina, en cada tertulia de vecinos.
En Invivienda, donde ya el presupuesto familiar está más apretado que un tornillo oxidado, el temor es palpable y real. Si los camiones que traen los productos tienen que viajar más lejos para llegar al nuevo centro, el costo del transporte se dispara. Y si los comerciantes pagan más por los nuevos y modernos puestos, ¿quién cree que pagará la factura al final?
El consumidor final, ese mismo que madruga para ganarse el pan, terminará asumiendo el aumento. Productos básicos como el plátano, el arroz, las habichuelas y el pollo, que ya están caros, podrían ver otro brinco. La gente ya no sabe qué inventar para estirar los chelitos.
"Esto es un abuso, ¿pa' qué tanto lujo y tanto cemento si no va a beneficiar a la gente de abajo?", dice con indignación Don Pedro, un viejo taxista de Sabana Larga, mientras espera pasaje. "Se armó el avispero con los precios, y nadie va a dar reversa ahora que están ahí", comenta María, vendedora de jugos en El Almirante, con la cara de pocos amigos. "Aquí se supo de buena fuente que esos precios de los puestos son un robo", añade Juana de Los Mina.
A nivel nacional, la promesa de eficiencia y reducción de intermediarios es un discurso más viejo que el merengue de antes. Pero la cruda realidad dominicana es que cada cambio, por "bueno" que parezca en el papel, suele traer un encarecimiento inicial. Un encarecimiento que, en la mayoría de los casos, rara vez baja de nuevo, quedando fijo en el nuevo precio.
El gobierno ha dicho que los costos se estabilizarán, pero los residentes dicen que ya han escuchado eso antes. Los pequeños productores y distribuidores también sienten la presión. Muchos temen que el sistema los ahogue, beneficiando solo a los grandes mayoristas.
La pelota está en el aire. ¿El Gran Centro de Abastos SDE será la solución a la organización del comercio o un nuevo dolor de cabeza para los ya golpeados bolsillos de Los Mina, Invivienda y todo Santo Domingo Este? La gente espera respuestas claras, y no solo promesas que se lleva el viento.