Nuevo Elevado SDE: Caos Vial y Desalojos en Los Mina Abril 2026
El avispero se armó de verdad en Santo Domingo Este. No es cuento de camino, ni chisme de colmado. La construcción del nuevo elevado en la Carretera Mella está dejando a la gente de Los Mina y sus alrededores con la soga al cuello. Abril de 2026 ha traído más dolores de cabeza que soluciones viales.
Este proyecto, anunciado con bombos y platillos como la solución al tapón eterno, se ha convertido en una pesadilla. El Gobierno prometió descongestionar la entrada y salida de SDE, un sueño que hoy parece más una burla. Desde hace meses, la situación venía calentándose, pero ahora, la caldera explotó.
Los detalles son alarmantes. Más de 300 familias, según se supo de buena fuente, han recibido órdenes de desalojo. Sus casas, sus negocios de toda una vida, están marcados para ser demolidos por el paso de la gigantesca estructura. Esto afecta directamente a los residentes de la Entrada de las Palmas y Sabana Larga, quienes ven su futuro incierto.
En la calle, el calor de abril se mezcla con el ruido insoportable de los martillos neumáticos y la desesperación de los motores. El aire es denso, lleno de polvo y bocinas. En la parada del carro público, la gente espera horas, el concho no da abasto. Los colmados cercanos, antes llenos de vida, ahora ven sus ventas caer porque nadie puede llegar.
La gente de Invivienda, que ya sufre con la congestión normal, ahora está atrapada. Los que viven en Charles de Gaulle y tienen que cruzar la Carretera Mella para ir al trabajo o llevar los muchachos a la escuela, ven su día duplicarse. Las guaguas del transporte escolar llegan tarde, los obreros pierden horas de trabajo.
“Esto es un abuso, viejo”, dijo Juan Pérez, de 55 años, dueño de una ferretería en Los Mina. “Nos prometieron progreso, pero lo que vemos es miseria. Mi negocio, que me costó 30 años levantar, ahora está en la mira. ¿Quién nos va a compensar de verdad? La gente está en grito, te lo digo yo”. Su voz, ronca por el polvo y la impotencia, resonaba en el ambiente.
María Rodríguez, ama de casa de Sabana Larga, no se quedó atrás. “Mi casa es todo lo que tengo. Me crié ahí. Ahora dicen que tenemos que irnos. ¿Pa’ dónde? Los alquileres en SDE están por las nubes, no hay dónde meterse. Esto no es SDE Despega, esto es SDE se desbarata”. Sus palabras reflejan el sentir de muchos en el barrio.
Este mega-elevado, con un presupuesto que ya se disparó más de un 40% del monto inicial, es un reflejo de los grandes proyectos nacionales. Siempre empiezan con una promesa de modernidad, pero terminan dejando un rastro de incertidumbre y deudas para el pueblo dominicano. La transparencia brilla por su ausencia, y los contratistas se forran los bolsillos mientras el dominicano de a pie sufre las consecuencias.
Desde el Ensanche Ozama hasta Villa Mella, la gente comenta que el proyecto parece no tener fin. Las obras avanzan a paso de tortuga en algunos tramos, mientras que en otros, la maquinaria está parada. Se conoció que hay problemas con la expropiación de terrenos, lo que ha ralentizado aún más el proceso y aumentado los costos.
El Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones (MOPC) ha emitido comunicados pidiendo paciencia, pero la paciencia de la gente de SDE se agotó hace rato. Las explicaciones son vagas y no ofrecen soluciones concretas para las familias que se quedan en la calle. Los ingenieros del proyecto, según trascendió, culpan a la burocracia, pero la realidad en el terreno es otra.
En las reuniones comunitarias, que no han sido muchas ni muy productivas, los líderes barriales han alzado la voz. Dicen que el diálogo con las autoridades es un monólogo, donde solo ellos hablan y las quejas de los residentes caen en saco roto. La comunidad exige un plan de reubicación justo y compensaciones adecuadas, no limosnas.
La situación vial es caótica. Las rutas alternas propuestas por el MOPC no dan abasto. La Avenida Venezuela, ya de por sí congestionada, ahora es un infierno a cualquier hora del día. Los Trinitarios, otra vía principal, también se ha convertido en un embudo. El transporte público, vital para la mayoría, está colapsado.
El impacto económico es devastador para los pequeños comerciantes. Los dueños de salones de belleza, tiendas de ropa, y cafeterías en las zonas aledañas a la Carretera Mella reportan pérdidas significativas. Muchos ya han tenido que cerrar sus puertas, dejando a sus empleados en la calle, sumando más desempleo a la ecuación.
Esto no es solo un problema de tráfico o de cemento. Es un problema social que afecta la calidad de vida de miles de dominicanos. Las familias que pierden sus hogares, los negocios que quiebran, la salud de los niños que respiran polvo y plomo. Todo esto se suma a la carga diaria que ya es pesada en nuestro país.
El Farol al Día seguirá de cerca esta situación. No nos vamos a callar. Es hora de que las autoridades pongan la cara y den respuestas claras a la gente de Santo Domingo Este. No podemos permitir que el progreso de unos pocos se construya sobre la miseria de muchos. La comunidad de SDE merece respeto y soluciones de verdad. Quédese con nosotros para más detalles.