Nueva Tasa Municipal SDE: ¿Los Mina Ahogado o SDE Despega?
El avispero se armó de verdad en Santo Domingo Este con la nueva tasa municipal que le cae encima a los pequeños negocios, como un palo cojo. Desde Los Mina hasta la Charles de Gaulle, la gente está en grito por este golpe bajo que nadie esperaba en la economía del barrio. ¿Será que SDE despega con esta carga o se hunde más profundo en el hoyo de la incertidumbre? El pueblo está en la calle, preguntándose qué pasará con el pan nuestro de cada día. La medida, recién salida del horno, ya pica y se extiende por todos los rincones de la Zona Oriental, prometiendo un abril cargado de tensión para el bolsillo.
Desde principios de marzo, se supo de buena fuente que en el ayuntamiento se cocinaba algo gordo, algo que venía a cambiar las reglas del juego para los comerciantes. Los rumores de nuevos cargos y permisos más caros para los colmados, salones de belleza y hasta los puestecitos informales de la calle corrían como pólvora entre los vecinos. Sin embargo, la mayoría pensó que sería algo suave, una pequeña brisa de cambio, no el ciclón económico que ahora se anuncia. Los comerciantes ya venían apretados con la subida de la luz y el agua, y esta nueva medida llega a ponerle más sal a la herida que ya sangraba.
Según documentos exclusivos a los que El Farol al Día tuvo acceso, la polémica resolución 007-2026, aprobada a puertas cerradas y con poca socialización, establece un aumento promedio del 15% en varias licencias y permisos comerciales. Esta medida no discrimina: afecta directamente a unos 15,000 negocios registrados y a una cantidad aún mayor de emprendedores informales en todo Santo Domingo Este. Hablamos de la panadería de la calle Francisco del Rosario Sánchez en Los Mina, la ferretería de la Carretera Mella, y hasta el carrito de jugos de Doña Chepa en Invivienda. También impacta a los pequeños talleres de mecánica en El Almirante y las bodegas en Sabana Perdida. Los detalles específicos muestran que desde el permiso de operación hasta la licencia de publicidad exterior, todo sube, dejando a muchos sin saber cómo cuadrar la caja a fin de mes.
Con el calor de abril que no da tregua y te derrite el cerebro, la parada del carro público en la Avenida Venezuela se llena de comentarios agrios. El ruido de los motores y el corre-corre diario no tapan el murmullo constante de preocupación que se siente en el ambiente. En cada colmado del Ensanche Ozama, el tema es el mismo: ¿cómo vamos a pagar esto sin que la gente de a pie lo sufra aún más? Los comerciantes, con la frente sudada, se ven obligados a tomar decisiones difíciles: o suben los precios de sus productos y servicios, o se arriesgan a cerrar las puertas de sus negocios, dejando a sus empleados en el aire. La tensión se corta con un cuchillo en los mercados y en los puestos callejeros de la entrada de Las Palmas.
En Invivienda, por ejemplo, donde la mayoría de los negocios son familiares y dependen del día a día, el golpe es doblemente duro. Doña Ana, que con mucho esfuerzo mantiene su salón de belleza por la entrada de Las Palmas, nos cuenta con desesperación que ya no sabe de dónde sacar para cumplir. "Si subo el precio del blower o del tinte, mis clientas, que son todas del barrio y andan con el presupuesto apretado, no van a volver. Y si no lo subo, el negocio no da para cubrir la luz, el agua y ahora esta tasa", dice con la voz quebrada. Es una encrucijada que afecta a cada hogar, a cada madre soltera que lucha por sacar adelante a sus hijos en el sector. La cadena de la economía barrial está sufriendo un estirón que amenaza con romperla.
"Esto es un abuso, mijo, una falta de respeto con el pueblo trabajador", nos dice Don Pedro, dueño de una pequeña tienda de provisiones en Los Trinitarios, mientras despacha un salami. "Uno a duras penas se mantiene, con la poca ganancia que queda después de pagar todo. Ahora, con esto, nos van a ahogar, nos van a poner la soga al cuello. La gente ya no tiene dinero para nada, y nosotros no podemos seguir absorbiendo los costos. Tendremos que subirle a la libra de habichuela y al arroz, y el que pierde es el consumidor final, el que menos tiene." Otros comerciantes de Sabana Larga y de la Avenida San Vicente de Paúl expresan una rabia similar, "Se supone que los de arriba nos ayuden a progresar, no que nos pongan más trabas para sobrevivir. Esto va a traer más miseria al barrio." Según los vecinos del sector, la medida es impopular y genera un descontento generalizado que podría escalar.
A nivel nacional, la situación no es ajena a lo que está pasando en otros municipios del país, donde también se están explorando nuevas formas de recaudación para balancear las arcas. Sin embargo, este aumento en Santo Domingo Este ha sido particularmente criticado por su impacto directo y desproporcionado en el sector más vulnerable de la economía dominicana: los pequeños y medianos comerciantes, así como los emprendedores informales. Expertos en economía local, como el reconocido economista Juan Pérez, advierten que una medida así podría generar un aumento generalizado de precios en la canasta básica, afectando aún más el ya disminuido poder adquisitivo de todos los dominicanos, especialmente en las zonas de menos recursos como Villa Mella y Sabana Perdida. La sostenibilidad de muchos negocios está en juego, y con ella, la estabilidad de miles de familias.
La pelota está en la cancha del ayuntamiento. Los comerciantes y residentes de Santo Domingo Este esperan una revisión urgente de esta medida que amenaza con desestabilizar la economía local y profundizar la crisis en los hogares. Mientras tanto, el bolsillo del pueblo sigue sufriendo las consecuencias de estas decisiones tomadas desde arriba. El Farol al Día seguirá de cerca esta situación, dándole voz a los barrios para ver si el clamor de la gente se escucha y si se logra dar marcha atrás. ¿Qué hará el alcalde? ¿Prevalecerá el sentido común o esta nueva tasa nos frenará en seco y acabará con el espíritu emprendedor que tanto caracteriza a SDE? Es tiempo de que las autoridades demuestren si realmente quieren que SDE despega, o si prefieren que se hunda bajo el peso de nuevas cargas.