Nueva Revisión Motores: SDE Paga Peaje Caro en Abril 2026
¡Atención, Santo Domingo Este! Se armó el avispero y esta vez es gordo. Una nueva revisión técnica obligatoria para todos los motores de la República Dominicana, con un costo que pica y se extiende hasta los RD$3,000, tiene a Los Mina en grito. El gobierno anuncia la medida como inminente para este abril de 2026. Los miles de motoristas de SDE, desde Invivienda hasta la Charles de Gaulle, ven cómo les golpean el bolsillo otra vez. Esto no es un simple chequeo cualquiera, es un peaje más, directo y sin anestesia, para la gente de trabajo del barrio. La calle está que arde con la noticia, y la paciencia se está agotando.
Desde hace meses, se venía hablando en los pasillos del Palacio de un plan para "ordenar" el parque vehicular dominicano. Las autoridades, con el Instituto Nacional de Tránsito y Transporte Terrestre (INTRANT) a la cabeza, decían que la intención era buena. Buscaban reducir los accidentes de tránsito, que son una plaga, y la contaminación ambiental que nos ahoga. Pero lo que nadie, absolutamente nadie, esperaba era un golpe tan directo y duro al bolsillo de la gente humilde. Se supo de buena fuente, de esas que no fallan, que la presión para esta medida venía desde "arriba", buscando ingresos y control. La gente ya presentía algo, pero no tan feo.
El mismo director del INTRANT, en una rueda de prensa improvisada, fue quien soltó la bomba sin miramientos. Confirmó que cada motor que circule en el país deberá pasar, sí o sí, por un centro de inspección certificado. Si tu motor no pasa la prueba de emisiones o de frenos, simplemente no puede circular más por nuestras calles. El costo, según trascendió por todos los medios, es de RD$3,000, una suma considerable para cualquier familia de SDE. En Invivienda, en la populosa Charles de Gaulle, y en las estrechas calles de Sabana Larga, la preocupación es palpable, casi se puede tocar en el ambiente. La medida, confirmada, aplica desde el 1ro de mayo, sin prórroga ni chance a pataleo. Ya están montando los puntos.
Bajo el calor asfixiante de este abril, que ya se siente como el infierno de agosto, el ruido incesante de los motores se mezcla con la queja y el lamento de la gente en cada esquina. En cada parada de carro público de la Av. Venezuela, en cada colmado de la concurrida Carretera Mella, en las frituras de Los Mina, el tema de conversación es uno solo. "¿De dónde vamos a sacar esa plata ahora para la revisión, si apenas nos da para la comida?", se escucha por todas partes, de boca en boca, con una frustración palpable. Los niños juegan en la acera sin entender la gravedad del asunto, pero los adultos saben que esto cambia la jugada. Es un golpe bajo que afecta a todos.
Esta nueva revisión obligatoria es un mazazo directo, sin vuelta atrás, para los miles de padres y madres de Santo Domingo Este. En Villa Mella, en El Almirante, y en los sectores más intrincados de Sabana Perdida, la situación es crítica. Muchos usan su motor no solo para el delivery o para ir al trabajo. Lo usan para llevar a los niños a la escuela, para buscar un chin de agua, o para el diario chin-chin. Para ellos, el motor no es un lujo de fin de semana. Es la herramienta principal de su día a día, su medio de subsistencia. Es su pan, su sustento, la única forma de mover la olla en la casa y no pasar hambre.
"Esto es un abuso, compadre, y no hay quien lo aguante ya", dice Juana Almonte, que vende jugos y dulces caseros en un puestecito en la Entrada de las Palmas. Su voz tiembla de la impotencia. "Mi motor es mi pan de cada día, lo compré con mucho sacrificio. Si tengo que pagar tres mil pesos de golpe, ¿qué le doy de comer a mis hijos mañana? ¿Cómo los visto?". Según los vecinos del sector Los Trinitarios, "esto nos va a hundir más, ya no hay de dónde exprimir un centavo. La gente está cansada de tanto impuesto y medida que solo aprieta al de abajo, al que menos tiene. No hay derecho a esto". Fue confirmado por varios que la calle está caliente.
A nivel nacional, el gobierno vende esta medida como un paso firme hacia la modernización del transporte. Buscan reducir la informalidad en el sector y, supuestamente, aumentar la seguridad vial. Pero la realidad del Gran Santo Domingo, y sobre todo de un municipio tan pujante como SDE, es otra muy distinta y más compleja. Aquí el motor no es un vehículo recreativo para pasear. Es una necesidad vital, un motor de la economía. La economía informal dominicana, que mueve gran parte del país y da sustento a miles de familias, depende directamente de esos motores y de la agilidad que brindan. Esto no deja que SDE despegue, sino que lo frena en seco.
¿Aguantará Santo Domingo Este otro golpe económico de esta magnitud, sin que se arme un lío de verdad? La gente de Los Mina, Ensanche Ozama y todos los rincones de SDE espera respuestas claras, no más promesas vacías. Ex