Luto en SDE: Semana Santa cobra 8 vidas, motos protagonistas del dolor
La Semana Santa 2026 ha dejado un amargo sabor en Santo Domingo Este. Ocho vidas se apagaron en el país, y la mayoría por accidentes de tránsito.
El Centro de Operaciones de Emergencias (COE) soltó el tercer boletín y la noticia cayó como un plomo. La gente en el barrio sabe que estos días son peligrosos.
De esos ocho fallecidos, seis cayeron por accidentes en la calle. Otros dos, por ahogamiento. La desgracia no perdona, y el luto llega a Los Mina y a toda la Zona Oriental.
Los nombres de María Altagracia Puente Belén, de 27 años, y Alexis Vicente Aquino, de 24, se suman a la lista. También Vladimir Luna Pujols (31), Darling Roberzon Dicen Rosario (35) y Alejandro Mota Sención (20). Todos ellos víctimas de la imprudencia en motocicletas.
En Invivienda, se supo de buena fuente que la preocupación crece. Las motos representan 59 de los 70 accidentes registrados. Eso es casi el 85%.
José Ramón Mezquita Batista, de 58 años, murió atropellado. Junior Veloz Ramírez (37) y el joven Pablo Melo Ramírez (17) se ahogaron. Este último en un balneario que no estaba habilitado. La tristeza se siente en el aire caliente de abril.
En las calles de Ensanche Ozama, el ruido de los motores se mezcla con la música de la Semana Mayor. Los colmados de la Avenida Venezuela no paran de vender, pero la alegría se corta con cada sirena.
La parada del carro público en la Carretera Mella se llena de historias. La gente comenta, con el ceño fruncido, cómo cada año se repite la misma vaina. Se arma el avispero cuando sale un nuevo reporte del COE.
Para los residentes de Invivienda, estas cifras son más que números. Son familias rotas, sillas vacías en la mesa. La imprudencia al volante, o mejor dicho, al manubrio, golpea directo.
Muchos jóvenes de Los Mina y Sabana Perdida usan las motos como su único medio de transporte. Pero también como diversión, sin medir el peligro. Las calles de Los Trinitarios y Charles de Gaulle han sido testigos de demasiadas tragedias.
"Esto es un abuso, mi hermano. Cada año es lo mismo", soltó Doña Ana, desde su balcón en Invivienda. "No hay respeto, ni por la vida de uno ni por la de los demás". La gente está en grito por la falta de control.
"La policía tiene que apretar más", comentó un motoconchista en la Entrada de las Palmas. "Uno se cuida, pero hay muchos locos en la calle. Y en Semana Santa, peor". Según los vecinos del sector, la vigilancia no es suficiente.
Fuentes cercanas indicaron que el consumo de alcohol también se disparó. 200 personas intoxicadas. Nueve de ellos, menores de entre 11 y 17 años. Esos datos son un campanazo para el barrio.
Además, 73 personas cayeron por intoxicación alimentaria. Esto mientras la gente buscaba un respiro en los balnearios. El director del COE, Juan Manuel Méndez García, fue confirmado en su preocupación.
Se conoció que el operativo del COE realizó 20,444 asistencias. La mayoría, 19,408, fueron viales. Ayuda con gomas ponchadas, problemas mecánicos, remolques. Eso habla de la cantidad de gente en la calle.
También hubo 1,029 asistencias médicas. Desde traumas sencillos hasta casos graves que requerían soporte vital avanzado. Los equipos de rescate lograron salvar a siete personas de morir ahogadas.
La Policía Turística, Defensa Civil y el puesto de mando en Boca Chica hicieron su trabajo. Localizaron y entregaron a sus padres a 20 menores extraviados. Un alivio dentro de tanto pesar.
El director del COE ratificó la prohibición de usar ríos y balnearios en provincias bajo alerta. Las lluvias y la poca visibilidad en carreteras son un peligro latente. Y el fuerte oleaje en la costa Atlántica es otra amenaza.
Este escenario se repite cada año, dejando una cicatriz profunda en la sociedad dominicana. No es solo la estadística, es la familia que pierde a un hijo, la madre que no volverá a ver a su esposo. Es el barrio entero que se entristece.
La imprudencia, el exceso de confianza y la falta de respeto a las normas son un cóctel mortal. En el barrio se habla de la necesidad de una mayor conciencia. No solo de las autoridades, sino de cada persona que toma un volante.
Para Santo Domingo Este, que es una ciudad dentro de otra ciudad, cada incidente resuena. Somos una comunidad que siente el golpe de cada tragedia. La vida es más que correr a ciegas o beber sin control.
Las calles de Villa Mella y Sabana Larga también se llenaron de viajeros. Las precauciones deben ser extremas. Los conductores tienen que mantener la cautela. No es un juego.
Es vital que, como comunidad, aprendamos de estos errores. Que la Semana Santa sea un tiempo de reflexión y no de luto. Que la próxima vez, las cifras sean cero.
El Farol al Día hace un llamado a la cordura. A que el próximo año no tengamos que contar más muertos. La vida de cada dominicano vale oro. Y en SDE, eso lo tenemos más claro que el agua.
Cuidarse es tarea de todos. La alegría de la Semana Santa no debe terminar en dolor. A la hora de coger la calle, o ir al río, piense en los suyos. El barrio entero se lo agradecerá.