Guerra en Irán Dispara Gasolina SDE: Guyana Gana, Los Mina Sufre
Se armó el avispero en Santo Domingo Este con los precios de la gasolina, mi gente. La gente de Los Mina, de Invivienda, y de todo el Ensanche Ozama, está en grito. Lo que pasa en la otra punta del mundo, en Irán, nos está dando de lleno aquí. El petróleo se disparó sin control y nos está ahogando el bolsillo en este abril de 2026.
Desde hace un tiempo, el conflicto en la región de Irán mantiene a medio mundo en vilo. La tensión es constante, una cuerda floja que se siente en todos los mercados. Esta guerra no declarada, con sus amenazas y movimientos estratégicos, tiene un impacto global innegable, y nosotros, aunque lejos, lo vivimos en carne propia.
Ahora, la vaina se puso peor con el famoso Estrecho de Ormuz. Esa no es cualquier agua, mi hermano. Es la vena gorda, el cuello de botella por donde pasa una parte brutal del petróleo que se consume en el planeta. Si esa vía se cierra, o se pone fea por un lío, el crudo se va pa'rriba como un cohete, sin escala. Y eso es exactamente lo que está pasando en estos momentos, dejando a SDE en alerta máxima.
Mientras aquí en la Carretera Mella nos estamos volviendo locos con la bomba de gasolina, con el precio que ya no tiene madre, en Guyana, una nación vecina, se están frotando las manos. Se supo de buena fuente, confirmado por informes internacionales, que sus ingresos por la venta de petróleo han subido como la espuma. Ellos son el nuevo petroestado del mundo y se están forrando. Es un contraste brutal, donde la tragedia de unos es la bonanza de otros, y aquí en SDE, la gente lo siente.
Bajo el sol picante de este abril de 2026, que no da tregua, el motor de los carros públicos suena más pesado. En la parada de la Avenida Venezuela, los choferes se quejan amargamente. "Esto no da pa' más, de verdad", dice uno, sudando la gota gorda mientras espera un pasajero. El colmado de la Entrada de las Palmas ve cómo la gente compra menos, obligada a estirar cada chelito. La canasta básica ya estaba por las nubes, y ahora el transporte la encarece aún más, dejando a muchas familias de Los Mina y Ensanche Ozama en una situación precaria.
En Invivienda, la situación es crítica. Los motoconchistas que circulan por la Charles de Gaulle no saben qué hacer para llegar a fin de mes. La gasolina les come la ganancia del día, casi por completo. Muchos están pensando seriamente en guardar la moto, en buscar otra forma de ganarse la vida porque así no se puede. Esto afecta directamente a miles de familias que dependen de ese sustento diario, viendo cómo sus ingresos se desvanecen.
"Esto es un abuso, de verdad. Uno se levanta a fajarse desde temprano y la gasolina se lleva el 60% de lo que uno hace en la calle", soltó Juan Carlos, un motoconchista de Los Trinitarios, con el rostro marcado por la frustración. Por otro lado, María, ama de casa del Ensanche Ozama, también lo confirmó con amargura: "Antes llenaba el tanque de mi pasola con lo que me sobraba de la compra. Ahora tengo que elegir entre la comida para mis hijos o la gasolina para poder ir a la guagua del trabajo. ¿Cómo se supone que uno vive así?". Los residentes de Sabana Larga y El Almirante están viendo cómo los precios en los supermercados suben sin control. Los furgones que traen la comida y los productos básicos dependen del combustible, y cada alza se traduce en un aumento inmediato en el estante, ahogando aún más a la gente.
La República Dominicana, como país que importa casi todo su petróleo, es súper vulnerable a estos vaivenes internacionales. Cada vez que el barril de crudo sube, nosotros lo sentimos de golpe en el bolsillo, sin poder hacer mucho. No importa que Guyana esté haciendo su agosto y que sus arcas se estén llenando a costa de la crisis. Aquí la gente de a pie lo que ve es la factura de la bomba más gorda, y un futuro económico incierto para su familia. La frase "SDE Despega" suena a burla cuando la realidad es que lo que despega son los precios.
Esta realidad golpea más fuerte en los barrios populares de Santo Domingo Este. Donde cada peso cuenta, donde la gente vive al día, y donde el margen para apretarse el cinturón ya no existe. La crisis internacional, la guerra lejana, se siente en la mesa de cada hogar, en el plato vacío, en la mochila sin útiles.
El gobierno tiene que buscar soluciones rápidas y efectivas, sin rodeos. No podemos seguir dependiendo tanto de lo que pasa lejos, sin tener un colchón o una estrategia clara. La gente de Santo Domingo Este no aguanta más esta presión económica que les quita el sueño.
Hay que presionar por políticas que protejan al consumidor dominicano. Que amortigüen estos golpes externos y que no dejen a la población desamparada. La olla no puede seguir vacía en nuestras casas por conflictos que nosotros no provocamos ni controlamos.
Se necesita un plan de contingencia real, no palabras bonitas. Urge una estrategia que asegure el suministro de combustible y estabilice los precios de manera sostenible. La paz social en el barrio, en Los Mina, en Invivienda, depende mucho de la estabilidad económica.
Los Mina, Invivienda, Ensanche Ozama, Sabana Perdida, Villa Mella, Charles de Gaulle, Los Trinitarios y todos los sectores de SDE merecen una respuesta. No podemos permitir que la sombra de una guerra lejana nos ahogue aquí en casa, mientras otros se enriquecen.
La situación es compleja, sí. Pero el pueblo dominicano es fuerte, luchador, y espera acciones concretas, no promesas vacías. No basta con lamentarse por la situación global, hay que actuar localmente. El Farol al Día seguirá informando, porque la voz del barrio no se calla. Estén atentos, que esto pica y se extiende.