¡Chamba Fija para el Barrio! 200 Espacios de SDE se Iluminan y Resurgen
La gente de Santo Domingo Este no sale de su asombro.
Los parques de Los Mina, Invivienda y Ensanche Ozama, que antes daban miedo, ahora brillan.
Una luz nueva espanta la delincuencia en estos espacios.
El Gobierno, metiendo la mano firme, le ha puesto el ojo a la seguridad y al embellecimiento.
Son espacios vitales para el barrio, que hoy lucen transformados.
Por años, la verdad es que la falta de iluminación y el descuido general eran la norma.
Muchos de estos pulmones verdes del barrio se habían convertido en focos de delincuencia.
Eran refugio para lo malo, para el que andaba en un mal paso.
Era común ver atracos en esos puntos ciegos, y la gente, con razón, le cogía miedo.
Los niños no podían jugar tranquilos después de las cinco de la tarde.
Los grandes evitaban pasar por ahí cuando caía la noche.
Se armó el avispero por la inseguridad que imperaba en esos lugares.
Pero en este mes de abril de 2026, la historia comenzó a cambiar de verdad.
Se supo de buena fuente que no es cuento de camino.
El "Plan Nacional de Rescate de Espacios Públicos", una iniciativa del gobierno central, metió el acelerador.
Con una inversión sin precedentes, Santo Domingo Este fue el primer beneficiado.
Según los datos soltados por Obras Públicas, ya van más de 200 parques y áreas verdes intervenidas.
Estamos hablando desde el parque de la Entrada de las Palmas en Los Mina, que luce espectacular.
También el emblemático Parque de Invivienda, ese que está cerca de la Charles de Gaulle.
Y ni hablar del Parque Italia en el Ensanche Ozama, que antes era una cueva.
La intervención incluye luces LED de alta eficiencia que alumbran hasta el alma.
También bancos nuevos, siembra de árboles frutales y ornamentales.
Y áreas de juego renovadas para los más pequeños, para que echen su patín.
Con el calor que aprieta en abril, un calor que te tumba si no te cuidas, la vida en SDE no para.
El ruido constante de los motores de los delivery y los carros públicos suben y bajan por la Carretera Mella y la Avenida Venezuela.
En medio de ese trajín, la gente siempre busca un respiro.
Antes, ese respiro era casi imposible en los parques por el temor.
Ahora, en el colmado de la esquina, mientras se juega dominó o se toma un café, se comenta que es otra cosa.
Las familias se atreven a salir con sus hijos, con la doña y los chamacos.
Los muchachos juegan baloncesto y fútbol hasta más tarde sin miedo.
Hasta las parejas de viejitos se sientan a conversar sus cosas.
El ambiente en el barrio se siente distinto, más alegre, más seguro.
Y eso, mi gente, no tiene precio ni se compra con billete.
Para los residentes de Invivienda, esta medida es un jonrón que les cayó del cielo.
El parque central de Invivienda, que era un dolor de cabeza, ahora es un orgullo.
Tiene luces LED que espantan la oscuridad y, por ende, a los que andaban en malos pasos.
Los vecinos dicen que la presencia de la policía comunitaria ha aumentado.
Pero la verdadera seguridad la da la gente misma, al apropiarse del espacio.
Hay más vigilancia natural, más ojos de la comunidad pendientes.
Más gente haciendo ejercicio en las nuevas máquinas al aire libre.
Más vida, más compartir, más barrio.
Esto sí es chamba de la buena para la comunidad, no es un relajo ni una promesa vacía.
La