Campo Los Mina en Jaque: ¿Deporte SDE pierde su casa en Abril 2026?
Un runrún, una voz que corre como pólvora y que se siente en cada esquina de Los Mina, Santo Domingo Este. El play de la 27 de Febrero, ese icónico campo de béisbol que ha visto crecer y formarse a generaciones enteras de peloteros, está ahora en la mira de poderosos intereses. Se habla con insistencia de que lo quieren tumbar, que un nuevo y ambicioso proyecto inmobiliario amenaza con borrar décadas de historia, sudor y sueños. Este rumor, que apenas hace unas semanas era un murmullo apenas perceptible, ya es un grito ahogado que se escucha por todo el barrio. La comunidad de Los Mina está en pie de guerra, alerta y lista para defender su patrimonio con uñas y dientes.
Desde hace ya un tiempo, la cancha no luce el mismo esplendor que la caracterizaba. Las gradas están visiblemente deterioradas, con grietas y la pintura descascarada. Los niños, ajenos a la burocracia, juegan entre la maleza que ha crecido sin control y las pocas luces que funcionan se apagan inexplicablemente temprano. La falta de mantenimiento es una realidad innegable para cualquiera que transite por la zona. Pero ahora la cosa es mucho más seria, la situación ha escalado a un punto crítico y sin retorno aparente. Se supo de buena fuente, de esas que no fallan en el bajo mundo de la política, que hay planes gigantescos para ese terreno, planes que lamentablemente no incluyen el fomento del deporte ni el bienestar de la juventud.
Trascendió en los corrillos de la municipalidad que un desarrollador privado, con conexiones políticas que se extienden hasta las más altas esferas del ayuntamiento de Santo Domingo Este, anda moviendo los hilos de manera discreta pero efectiva. Su objetivo es claro: quieren levantar un centro comercial moderno o, aún peor, torres de apartamentos de lujo. Todo esto, justo donde hoy se forjan los sueños de los chamacos de SDE, muchos de ellos con la esperanza de ser la próxima estrella de Grandes Ligas. Estamos hablando del play ubicado estratégicamente en la Carretera Mella, casi esquina con la San Vicente de Paúl, un punto clave y de altísimo valor comercial y logístico. Este agresivo movimiento inmobiliario busca aprovechar la imparable expansión de Santo Domingo Este, pero a un costo social incalculable para la comunidad local.
Con este calor implacable de abril, que ya se siente como verano adelantado, el motorista pasa echando vaina y haciendo piruetas por la Avenida Venezuela, mientras la guagua de la ruta habitual frena en seco y la gente se apea apurada, buscando la sombra. En el colmado de la esquina, con el radio puesto a todo volumen transmitiendo bachata, el tema de conversación es uno solo y domina todas las charlas: ¿Qué va a pasar con nuestro querido play? La gente está en grito, con la camisa sudada del bochorno y la rabia acumulada que no los deja tranquilos. La preocupación se palpa en el ambiente, desde la concurrida Entrada de las Palmas hasta los rincones más lejanos de Sabana Larga. Es la comidilla en cada tertulia de dominó, en cada banca del parque y en cada parada de bus.
Para Los Mina, ese play no es simplemente un pedazo de tierra con gradas viejas y maltratadas. Es el auténtico pulmón deportivo, social y cultural del barrio. Aquí, en Invivienda, en el Ensanche Ozama e incluso desde más lejos, como Sabana Perdida, muchos jóvenes y adultos vienen a practicar béisbol, softbol y hasta a correr para mantenerse en forma. Es un punto de encuentro fundamental para familias, amigos y equipos de ligas menores. Si lo cierran definitivamente, ¿dónde irán esos muchachos a quemar energía, a aprender valores como la disciplina y el trabajo en equipo, y sobre todo, a alejarse de los peligros de la calle? Se perdería un espacio vital que ha mantenido a la juventud enfocada, con esperanzas de un futuro mejor y alejada de los vicios.
“Esto es una falta de respeto con el deporte y un abuso con nuestra gente trabajadora”, dice con la voz entrecortada Don Miguel, el emblemático vendedor de refrescos y yaniqueques que ha estado al lado del play desde hace más de 30 años. Su voz se quiebra al hablar del futuro incierto que se cierne sobre el campo. “Mis hijos y mis nietos han crecido y jugado en ese play. Nos quieren quitar lo poco que tenemos que nos da identidad y nos mantiene unidos como comunidad”. Los residentes de Los Mina, desde Los Trinitarios hasta Charles de Gaulle, pasando por El Almirante, han jurado que no se van a quedar de brazos cruzados. Están listos para defender lo suyo, lo que les pertenece por historia, por tradición y por el esfuerzo de generaciones.
Este caso, lamentablemente, no es un hecho aislado en la República Dominicana. En todo el país, y de manera más acentuada en las zonas urbanas de rápido crecimiento como Santo Domingo Este, la voraz presión inmobiliaria devora sin piedad espacios públicos y deportivos. Se prioriza de forma descarada el cemento y las ganancias rápidas sobre el futuro de la juventud y el desarrollo integral de la comunidad. Es un problema nacional, una batalla constante que se libra en cada rincón, pero que se siente con una fuerza particular y una indignación palpable en cada barrio. La falta de una planificación urbana coherente, sumada a la corrupción rampante, muchas veces abren la puerta de par en par a estas situaciones injustas que afectan a los más vulnerables.
La comunidad, lejos de amilanarse, ya se está organizando de forma activa. Se esperan protestas masivas frente al ayuntamiento y reuniones urgentes con las juntas de vecinos de Los Mina y de todos los sectores aledaños que se ven afectados. El Farol al Día, siempre la voz del barrio, seguirá de cerca este avispero, que promete ser más candente que el sol de mediodía de abril. ¿Defenderá Los Mina su play con uñas y dientes, con la misma pasión que sus peloteros defienden el home, o Santo Domingo Este perderá otro pedazo invaluable de su identidad, su historia y su patrimonio deportivo? Estén todos atentos, que esta lucha apenas empieza. La defensa del Play de la 27 es ahora, más que nunca, la lucha de todo Santo Domingo Este y de sus futuras generaciones.