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Economía

Aumento GLP SDE: El gas de cocinar ahoga bolsillos en Abril 2026

📅 30 de abril de 2026
✍️ Ana María Castillo
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Economía dominicana Aumento GLP SDE: El gas de cocinar  - El Farol al Día
Economía dominicana Aumento GLP SDE: El gas de cocinar - El Farol al Día — El Farol al Día
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El gas de cocinar, ese combustible vital que mantiene los fogones encendidos en cada hogar dominicano, se ha convertido en un verdadero dolor de cabeza para miles de familias en Santo Domingo Este. Este abril de 2026, la última y contundente subida en el precio del Gas Licuado de Petróleo (GLP) ha puesto a la gente de Los Mina, Ensanche Ozama y sus alrededores con el grito al cielo, sintiendo cómo el presupuesto familiar se achica cada vez más. La olla está que arde, pero no precisamente por el fuego; más bien, por la incertidumbre de cómo se va a llenar el próximo cilindro. La economía del barrio se resiente con cada nuevo golpe.

No es un secreto que desde que arrancó el año, el bolsillo del dominicano ha estado bajo una presión constante y creciente. Los precios de casi todo, desde los alimentos básicos que componen la canasta familiar hasta los materiales de construcción, han ido en una escalada imparable. El GLP no ha sido la excepción, sumándose a la larga lista de preocupaciones que ya agobian a las familias. Esta escalada de precios no es nueva; viene arrastrándose desde meses atrás, con pequeñas pero constantes alzas que, al final de la quincena, suman un golpe fuerte y casi insoportable para el ciudadano de a pie, agotando la paciencia de la gente en el barrio.

Según los reportes que maneja El Farol al Día, y lo que se escucha en la calle, la última alza registrada en abril de 2026 fue de un contundente 15% en el precio del GLP en las últimas semanas. Esto significa que un tanque de 100 libras, que hace apenas unos meses se conseguía por debajo de los 3,500 pesos, ahora sobrepasa holgadamente los 4,000 pesos en las distribuidoras de la zona oriental. Las estaciones de la Carretera Mella y la Avenida Charles de Gaulle son testigos directos de la frustración de los conductores de vehículos que usan GLP y, sobre todo, de las amas de casa. En El Almirante y Sabana Perdida, la gente hace malabares, estirando cada peso para poder llenar sus cilindros, una situación que pone en jaque la estabilidad de miles de hogares.

Con este calor de abril pegando fuerte, la conversación en la parada de los carros públicos en la Entrada de las Palmas es una sola: la pela que están dando los precios, especialmente el del gas. El ruido incesante de los motores, el bullicio habitual del barrio y la música alta que sale de los establecimientos no pueden ahogar los lamentos y las quejas que se escuchan a cada rato. En cada colmado del Ensanche Ozama o de Los Trinitarios, el tendero ya sabe que, al preguntar por el GLP, la respuesta será una queja amarga, una cara larga y un suspiro profundo. "Aquí no se salva nadie, ni el que tiene ni el que no tiene, porque esto es un gasto fijo", comentó un despachador en una estación de Invivienda, visiblemente afectado por la situación de sus clientes.

En Invivienda, las madres de familia, esas guerreras incansables que se las ingenian para que la comida no falte en la mesa, están en grito. El presupuesto que antes con tanto esfuerzo lograban estirar para alimentar a los suyos durante la semana, ahora se desintegra antes de tiempo, dejándolas con menos opciones y más preocupaciones. No es solo el gas para cocinar el desayuno, almuerzo y cena; es también el impacto en los pequeños negocios que dependen directamente del GLP, como las frituras de la Sabana Larga, los pica pollos de Villa Mella y las panaderías del barrio. Muchos han tenido que buscar alternativas desesperadas, algunas tan precarias como volver a la cocina con leña o carbón, prácticas que habíamos dejado atrás por la salud y el medio ambiente, pero que ahora resurgen por pura necesidad económica.

"Esto es un abuso, de verdad, una burla al pueblo trabajador que se levanta cada día a luchar", dijo con la voz quebrada Doña Juana, residente del sector de Sabana Perdida, quien tiene cuatro bocas que alimentar y una pensión mínima. "Uno se faja el día entero bajo este sol, y cuando llega a

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