Angustia en La Guaira: Padre busca hijo, SDE siente el golpe Abril 2026
El José María Vargas, hospital de La Guaira, Venezuela, se ha vuelto un infierno en la tierra. Un padre, aferrado a la esperanza, busca a su hijo de diez años entre los escombros y los sobrevivientes. En Santo Domingo Este, la noticia corre como pólvora, tocando la fibra de cada familia en Los Mina.
Desde hace días, los sismos no dan tregua en Venezuela. El país vecino vive una pesadilla. Edificios caídos, familias separadas y un miedo que se pega en el alma. La gente aquí, en SDE, no es ajena a ese dolor.
El padre, con la voz rota, solo repite que está seguro de que su hijo lo busca. "Debe estar buscándome", dice, mientras revisa cada rostro en el hospital. Es una imagen que le da escalofríos a cualquiera en Invivienda, donde los chismosos de la parada de la Ruta 27 ya comentan la tragedia.
Aquí en el barrio, con el calor de abril apretando, el ruido de los motores en la Carretera Mella y el trajín en el colmado de la esquina, el tema se cuela en cada conversación. La gente hace una pausa para escuchar la radio, o para ver el video que alguien comparte por WhatsApp. La vida sigue, pero con un nudo en la garganta.
¿Y cómo no va a afectar esto a la gente de SDE? Muchos tienen parientes en Venezuela. Otros, simplemente, se ponen en los zapatos de ese padre. En Ensanche Ozama, doña Altagracia, con su tienda de empanadas, confiesa que no ha podido dormir bien. "Uno piensa en sus muchachos, y le da una cosa", dice, santiguándose. Es el miedo a lo que uno no controla.
Según los vecinos de Los Trinitarios, se armó el avispero en la Junta de Vecinos. "La gente está en grito, preguntando qué podemos hacer", soltó José, el presidente de la junta. "Se supo de buena fuente que hay varias familias de aquí con gente desaparecida allá, o que no pueden comunicarse. Es un drama". En Charles de Gaulle, los taxistas hablan del tema en cada esquina, y en las cafeterías de Sabana Larga, la gente cuestiona si estamos preparados para algo así.
Esta tragedia, aunque lejos, pone en contexto la fragilidad de todos. República Dominicana, por su posición geográfica, no está exenta de movimientos telúricos. Este drama en La Guaira nos recuerda la importancia de la prevención y la solidaridad entre nuestros pueblos. Es un llamado de atención para las autoridades y para cada ciudadano.
El padre sigue esperando, con la mirada perdida pero el corazón lleno de fe. La historia de ese niño de diez años y su padre resuena en cada rincón de Santo Domingo Este. Nos toca a todos. Manténgase informado con El Farol al Día, y no olvide que la unión hace la fuerza. Si tiene algún familiar en Venezuela y necesita ayuda, acérquese a las instituciones de apoyo. La esperanza es lo último que se pierde.
Este es un momento para la reflexión, para abrazar a nuestros hijos y para recordar que somos una sola familia caribeña. Desde El Almirante hasta Villa Mella, la gente en SDE sabe que el dolor de uno, al final, es el dolor de todos. Que Dios ampare a ese niño y a su padre.