Amistades Adultos SDE: ¿Más Solos en Los Mina y Charles de Gaulle?
La vaina está más dura que un coco en el patio: en Santo Domingo Este, la gente está sintiendo que hacer y mantener amistades de verdad cuando uno ya es adulto, es un dolor de cabeza. Antes, el coro se armaba fácil en el colmado, en la esquina o en el play. Ahora, en Los Mina, Invivienda y hasta en el Ensanche Ozama, muchos sienten que la vida los está dejando más solos que un farol en un callejón sin luz. La rutina nos está robando el tiempo para lo que de verdad importa.
Esta situación no es de ahora, pero se ha puesto peor. Desde hace un tiempo, se supo de buena fuente que el ritmo de vida en la capital, y más en SDE, ha cambiado la forma en que la gente se relaciona. Antes, en el barrio, todo el mundo se conocía. Los vecinos eran casi familia. Ahora, entre el trabajo que no da respiro, los hijos que demandan atención y las deudas que aprietan, el tiempo para el "teteo" o para sentarse a echar un cuento con un amigo se ha vuelto un lujo que pocos pueden pagar. La gente se mueve en automático, de la casa al trabajo y del trabajo a la casa, y el ciclo se repite.
Lo que dice un comunicado oficial, y que aquí en El Farol al Día hemos estado viendo en la calle, es que la cosa es real. Los adultos, esos que antes armaban un bonche por cualquier cosa, ahora tienen menos tiempo. En la Carretera Mella, por ejemplo, los tapones son tan largos que cuando la gente llega a su casa, lo único que quiere es tirarse en la cama. Ya no hay energía para visitar al compadre o a la comadre. En la Avenida Venezuela, donde antes el movimiento era constante y la gente se encontraba por casualidad, ahora cada quien anda en su viaje, apurado, con la cabeza metida en su teléfono. Los círculos sociales se han achicado tanto que algunos sienten que tienen más conocidos que amigos de verdad.
Y es que aquí, en nuestro Santo Domingo Este, la vida es una carrera. El calor de abril te abraza desde que sales, el ruido de los motores te aturde, y la parada del carro público es un campo de batalla. Llegas al colmado a comprar el pan y la leche, y lo que antes era un chance para joder con el colmadero o encontrarte con un vecino, ahora es una transacción rápida. La gente anda con la mente en mil cosas, en cómo llegar a fin de mes, en la próxima factura de la luz, en la escuela de los muchachos. ¿Quién tiene cabeza para socializar cuando la canasta básica está por las nubes?
Esta vaina tiene un impacto directo en la gente de Invivienda. Allí, donde las urbanizaciones son grandes y hay mucha gente viviendo cerca, uno pensaría que sería fácil socializar. Pero no. Los apartamentos son pequeños, la gente vive encerrada en sus propias burbias. Los niños juegan en las áreas comunes, pero los adultos, entre que no se conocen bien y no tienen tiempo, apenas se saludan con la cabeza. Esto genera una sensación de aislamiento que antes no se veía tanto. La comunidad, esa que nos hacía fuertes, se está debilitando poco a poco.
"La verdad es que uno se siente solo, aunque tenga la casa llena", nos confesó María, una señora que vende yaniqueques en Charles de Gaulle, con la mirada perdida. "Mi esposo trabajando, los hijos en la escuela, yo aquí fajada. Antes, las vecinas venían y uno se reía un rato. Ahora, ni tiempo para eso. Cada quien en lo suyo. Se pierde esa alegría del barrio, ¿tú me entiendes?". En Los Trinitarios, un joven llamado Roberto, que trabaja en un call center, nos comentó: "Salgo de noche, llego de día. ¿Cuándo yo voy a ver a mis amigos? Y los que tengo, están igual de quemados que yo. Es un problema serio".
A nivel nacional, esta es una situación que afecta a la República Dominicana entera. No es solo un problema de SDE. La modernización, la migración interna a las ciudades y la presión económica están cambiando el tejido social del país. La gente está más estresada, menos conectada. Esto puede tener consecuencias a largo plazo en la salud mental de la población y en la capacidad de las comunidades para unirse y resolver problemas. Si la gente no se conoce, si no hay lazos fuertes, ¿cómo vamos a enfrentar los retos que se nos vienen encima?
La cosa está clara: tenemos que buscar la forma de reconectar. No podemos dejar que la vida nos coma vivos y nos aísle. En SDE, desde Villa Mella hasta Sabana Larga, es hora de retomar el valor de la amistad, de volver a vernos las caras, de armar el coro de nuevo. Hay que sacar tiempo para el vecino, para el amigo, para la familia extendida. Si no nos apoyamos entre nosotros, ¿quién lo va a hacer? Es momento de bajarle al acelere y recordar que un buen amigo vale más que cualquier vaina. ¡El Farol al Día siempre estará aquí para recordárselo!