Alertas COE bajan: SDE sigue bajo amenaza de lluvias en Abril 2026
La vaina no termina de cuajar del todo. Aunque el Centro de Operaciones de Emergencias (COE) bajó la guardia un poquito, aquí en Santo Domingo Este la gente sigue con el ojo pelao. La amenaza de las lluvias, esa que nos tiene con el corazón en la boca, todavía está ahí.
Después de semanas de chaparrones que no daban tregua, que nos tenían a todos pensando en cómo salvar los muebles, la noticia del COE sonó a un respiro. Pero un respiro corto. Sabemos que el tiempo aquí cambia más rápido que la suerte en una gallera.
Se supo de buena fuente que el COE redujo a 19 el número de provincias bajo aviso. Nueve de ellas se quedan en alerta amarilla. Esto significa que la cosa no está para relajo, aunque el agua no caiga a cantaros como antes.
En el Ensanche Ozama, el calor de abril se siente pesado, pegajoso. Se mezcla con el olor a tierra mojada que no termina de secarse. Los motores siguen zumbando, los carros públicos echando su gasoil, y en el colmado de la esquina, la gente comenta la noticia con un trago en la mano. "A ver si es verdad que nos dan tregua", dice un viejo.
La gente de Invivienda, por ejemplo, está harta de ver sus calles hechas ríos. Cada vez que llueve fuerte, los desagües colapsan. Las casas se mojan, los electrodomésticos se dañan. Es un ciclo que no tiene fin y la reducción de alertas no quita el miedo que ya está sembrado.
"Uno no puede ni dormir tranquilo", nos contó Doña Juana, con su voz de pelea, desde la Entrada de las Palmas en Los Mina. "Dicen que bajan las alertas, pero aquí la canaleta sigue llena y si vuelve a llover, la casa se me inunda otra vez. Es una burla". Su vecino, Miguel, que tiene una bodega en Charles de Gaulle, asiente con la cabeza. "Aquí se habla de que la infraestructura no da abasto. El agua no tiene por dónde irse, y por más que el COE baje la alerta, el problema es el mismo".
La situación en el país es compleja. Estos fenómenos de lluvias intensas son cada vez más frecuentes. Los expertos hablan del cambio climático, y uno lo ve con sus propios ojos. Nuestras ciudades, diseñadas sin mucha planificación, son las primeras en sufrir. Los sistemas de drenaje, las cañadas, todo colapsa. El gobierno tiene un reto enorme por delante.
La gente de Sabana Perdida y Villa Mella sabe que la reducción de alertas es solo un papel. La realidad en la calle es otra. La amenaza persiste. Por eso, El Farol al Día les dice: no se descuiden. Tengan su plan, estén atentos a los comunicados oficiales y cuiden a los suyos. Aquí seguiremos informando, con la verdad del barrio. Porque en SDE, no bajamos la guardia.
La verdad es que, aunque el COE dé un respiro, la vulnerabilidad de nuestros barrios sigue siendo la misma. Las promesas de obras, de mejoras en el drenaje, muchas veces se quedan en el aire. Los residentes de Los Trinitarios, por ejemplo, han visto cómo proyectos para mitigar inundaciones se estancan o no se completan a tiempo. Cada aviso de lluvia es un recordatorio de que la prevención real está pendiente.
"Aquí se habla mucho, pero se hace poco", dice un motoconchista en la Carretera Mella, señalando un charco enorme que lleva días sin secarse. "Mientras no arreglen las calles, los imbornales, y no hagan obras de verdad, por más que el COE diga lo que diga, nosotros seguimos en peligro. El agua no pide permiso". Y es que el sentir general en SDE es de desconfianza ante las soluciones a medias.
Las autoridades del COE, por su parte, insisten en que la población debe mantenerse vigilante. Que la reducción de alertas no significa que el peligro haya desaparecido. Especialmente en las zonas bajas o cercanas a ríos y cañadas. Pero, ¿cómo se mantiene la vigilancia cuando el miedo es constante y las soluciones se hacen esperar? Esa es la pregunta que ronda en la cabeza de los vecinos.
Desde la Av. Venezuela, los comerciantes se quejan de las pérdidas cada vez que el agua sube. "Es un golpe al bolsillo cada vez", nos comenta la dueña de una pequeña boutique. "La mercancía se daña, los clientes no vienen. Y cuando el gobierno dice que bajó la alerta, uno se pregunta si de verdad entienden lo que pasamos aquí abajo". Es la economía del día a día la que sufre directamente el impacto de cada gota que cae de más.
El COE ha sido claro: aunque el volumen de precipitaciones haya disminuido, las condiciones para lluvias en horas de la tarde y noche se mantienen. Esto es crucial para SDE, donde un aguacero repentino puede desatar el caos en minutos. No es solo la cantidad de lluvia, sino la intensidad y la rapidez con la que se descarga, lo que provoca las inundaciones que azotan la zona.
Es una lucha constante para las familias de Santo Domingo Este. La amenaza de la lluvia se suma a otros problemas del día a día, como los precios de la comida o los apagones. La gente está en grito por la situación general, y las alertas meteorológicas solo añaden más presión a una olla que ya está a punto de explotar. La reducción de alertas es un respiro técnico, pero la gente del barrio no se engaña.
La situación climática actual, con fenómenos cada vez más extremos, exige una respuesta más robusta. No basta con emitir alertas o reducirlas. La gente de SDE necesita ver acciones concretas. Obras de infraestructura que realmente protejan sus hogares y sus negocios. Un compromiso real para que cada temporada de lluvia no se convierta en una pesadilla recurrente. El Farol al Día seguirá presionando por soluciones y dando voz a quienes las exigen. Porque SDE Despega cuando sus barrios están seguros y sus habitantes pueden vivir sin el miedo constante al agua.
La resiliencia de la gente de SDE es admirable, pero también tiene un límite. Los niños que no pueden ir a la escuela por las calles anegadas, los padres que pierden días de trabajo, los abuelos que viven con la zozobra de no poder salir de sus casas. Todo esto es parte de la ecuación. Las alertas del COE son importantes, sí, pero la vida real en el barrio es la que cuenta. Y esa vida real, en Abril de 2026, sigue marcada por la incertidumbre de las próximas lluvias.