3 Millones de Dominicanos Fuera: ¿Los Mina Despega o Frena en SDE?
Se armó el avispero grande en cada esquina de Santo Domingo Este. La noticia que tiene a todo el mundo hablando en la guagua, el colmado y hasta en la barbería es gorda: ya somos más de tres millones de dominicanos viviendo fuera del país. Eso no es relajo; es casi un tercio de nuestra gente que está regada por el mundo. Aquí en Los Mina, en Invivienda y por toda la Charles de Gaulle, esta cifra no es solo un número frío de un informe. Es el primo que manda su ayuda, la hermana que trabaja duro en la USA, el hijo que se fue buscando la vuelta. La gran pregunta que se oye es una sola: ¿Será que Santo Domingo Este Despega o se frena con tanta gente lejos? El Farol al Día le metió mano para que usted se entere de la verdad.
Este dato impactante lo soltó fresquecito el Instituto de Dominicanos y Dominicanas en el Exterior (Index). Y que nadie se equivoque, esto no es poca cosa para el futuro de la nación. No es que de la noche a la mañana se fueron tres millones de golpe, para nada. Esto es el resultado del crecimiento constante, el engorde de nuestra diáspora que sigue fuerte, sumando y sumando gente cada día. Desde la última vez que se hizo un conteo serio en 2021, la cifra aumentó en casi medio millón de personas, 499,029 más para ser exactos. Eso demuestra que la conexión con el exterior, lejos de aflojar, se aprieta cada vez más, y eso aquí en SDE se siente hasta en la médula.
La viceministra Celinés Toribio, quien está al frente del Index y sabe lo que habla, explicó con peras y manzanas que el número exacto de dominicanos fuera de la patria es de 3,030,647. Pero lo que puso a muchos a pensar fue que ahora están contando dominicanos hasta en los sitios más recónditos del planeta. Imagínese, nuestra gente está regada por el mundo entero: desde Angola hasta Azerbaiyán, pasando por Vietnam. Para las familias en el Ensanche Ozama, en Sabana Larga o en Villa Mella, esto significa que sus lazos con el exterior se hacen cada vez más fuertes, trayendo y llevando influencias, remesas y hasta nuevas formas de ver la vida. Se supo de buena fuente que este alcance global es un orgullo para muchos.
Aquí en Santo Domingo Este, con el calor de abril que no da tregua y te hace sudar la gota gorda, el tema se discute en todas partes. En la parada del carro público de la Charles de Gaulle, entre el ruido incesante de los motores y el corre-corre de la gente que va y viene de trabajar, la conversación es obligada. En el colmado de la Entrada de las Palmas, mientras el dueño despacha un refresco bien frío para calmar el bochorno, se conoció que los vecinos comentan sobre los "tíos que mandan el dólar" y cómo eso ayuda a la economía local. El ambiente está cargado de esa mezcla de esperanza y nostalgia que solo la diáspora puede traer a nuestros barrios.
En Invivienda, por ejemplo, donde es sabido que hay muchas familias con parientes directos o indirectos en el extranjero, este crecimiento de la diáspora se siente directo en el día a día. Esos "paqueticos" que llegan con ropas y cosas para el hogar, esas ayudas económicas que se reciben, son el pulmón que mantiene a flote a muchos hogares. No es un secreto que sin esa entrada, muchos negocios y familias en la zona tendrían que apretarse más el cinturón. La misma viceministra Toribio aclaró un punto clave: el aumento en la cifra se debe mucho a la juventud dominicana que ha nacido fuera, esos muchachos que son descendientes nuestros y que, aunque crecieron en otro país, mantienen viva la conexión con la tierra de sus padres. Es una conexión que no se pierde y que asegura un flujo constante de intercambio cultural y económico.
"¡Claro que Santo Domingo Este Despega con eso!", nos dijo doña Juana, una señora de más de sesenta años, sentada en su banquito frente a su casa en Los Trinitarios, mientras abanicaba con una revista vieja. "Mis dos hijos están en Nueva York y sin ellos, la cosa aquí en la casa sería más que apretada. Ellos mandan para la comida, la luz, el agua... ¡son una bendición!". Por otro lado, don Ramón, quien tiene un taller de mecánica automotriz en plena Carretera Mella, nos comentó con un poco de frustración: "La verdad es que se va mucha mano de obra calificada. A veces me cuesta encontrar gente buena para trabajar, porque muchos de los muchachos con talento lo que buscan es irse detrás del sueño americano". Los residentes dicen que en el barrio se habla de ambas caras de la moneda: la ayuda que viene de fuera y el talento que se va.
Que casi el 28% de nuestra población, o sea, que de cada cuatro dominicanos uno vive fuera, es un dato que cambia por completo el panorama nacional. Significa que la influencia dominicana en el mundo es inmensa, no solo en Estados Unidos, sino en lugares que ni imaginábamos. Desde la política, donde el voto del exterior es cada vez más importante, hasta la cultura, con nuestra música y gastronomía expandiéndose por doquier, la voz de la diáspora tiene un peso enorme. El gobierno, a través de instituciones como el Index, sabe que tiene que atender y proteger a esa gente, porque son un motor económico y social clave para el país entero. La República Dominicana se ve y se siente diferente con esta realidad.
¿Y ahora qué nos depara el futuro con esta diáspora gigante que sigue